Una Figura Hermosa
Hace mucho tiempo, en una isla, resaltaba un arco hermoso en medio de una gran peña. Los habitantes de esta isla lo consideraban su tesoro más preciado, un regalo de la madre naturaleza.
Con su inmensa bondad, y al contemplar la belleza de esta isla, la madre naturaleza ordenó a las rocas que se unieran y a las olas del mar que moldearan la peña. Las olas obedecieron su mandato; la peña se ubico junto y apretó con su fuerzas su figura, siguiendo el mandato de su Madre Naturaleza. Así nació un arco hermoso.
Al verse, la peña sonrió con alegría y exclamó:
—¡Madre, gracias! Mi figura es hermosa. A los habitantes les encanta: me halagan, me toman fotografías y vienen a conocerme personas de lugares lejanos. Todos sonríen y se asombran al contemplar la belleza de mi figura.
La madre naturaleza le respondió:
—¡si hija! Pero quiero que tengas claro que conservaras esas figura, si tus habitantes no se olvidan de ti, si te dejan de cuidar, amar y de resaltar. El día que esto suceda tu figura perderás y solo dos peñas separadas quedarán.
Pasaron muchos años de elogios, fotografías y alegría para la peña. Observaba feliz cómo los habitantes disfrutaban de su encanto.
Una noche tranquila, la peña notó una pequeña grieta en su figura. Esta la lastimaba, la cortaba y debilitaba su fuerza para sostener su figura.
—Madre —exclamó la peña—, tengo un dolor… es esto -Madre…esta gran grieta en mi figura.
—Sí, hija, yo también la veo —respondió la madre naturaleza—. Es un dolor normal y completamente temporal.
—¿Temporal, madre? —preguntó angustiada la peña.
—Sí, hija. Este dolor pasará. Es solo una señal de cambio.
—¡Pero madre, no quiero cambiar! —exclamó la peña.
—Hija —dijo la madre naturaleza—, tus habitantes te han halagado y demostrado amor ¿Cómo hace años?
—Sí, madre —respondió la peña—. Vienen a visitarme, traen adornos, hacen celebraciones… Y me dejan sus bolsas y adornos. Encienden fogatas, y su humo debilita mis hierbas. Pero… es amor, yo me conformo con eso. Me están amando por que se divierten conmigo. ¡Madre! Ellos dejan muchos “regalos” para mi en el mar. Son las Olas ¡Madre! Me golpean muy fuerte y me estoy debilitando.
—Hija —respondió la madre naturaleza—, las olas están devolviendo lo que los habitantes dejan por que no son regalos son desechos. Que les hacen daño, eso te están matando.
La madre naturaleza guardó silencio un momento y luego continuó:
—No es tu culpa, hija. Tú cumpliste con el propósito que te di al crearte. Ya terminaste. Es hora de que tu cuerpo descanse y puedas respirar libre.
—¿Y qué pasará con ellos, madre? —preguntó la peña, temerosa.
—Ellos seguirán siendo felices. Claro que sentirán tu ausencia, pero aprenderán a mirar más allá. Por que ahora tu le vas a dejar esa vista hacia el hermoso mar que ahora deberán cuidar. Tu figura se separará para que el mar pueda entrar y salir con facilidad. Tú ya cumpliste… ahora él continuará.
Fin.
AUTORA
Yulieth Cortes








