Descubre, observa y deja que la Universidad te hable
Llegar a la Universidad de Nariño no puede entenderse como un simple acto de ingreso. Es, más bien, la irrupción en un espacio donde el tiempo ya ha dejado huellas y donde la experiencia comienza antes de que uno sea consciente de ella. A veces el primer día transcurre sin sobresaltos; otras, una frase, un pasillo o una clase se fija en la memoria y empieza a operar en silencio. En ese instante, casi imperceptible, comienza todo.
Mi relación con esta Universidad nunca sigue una línea recta. Se parece más a esas historias que avanzan por desvíos, con pausas, con retornos que al principio parecen errores y después resultan inevitables. Antes de imaginarla como trabajo o como destino, fue un territorio casi secreto. Cursé parte de mi bachillerato en el Liceo Integrado de Bachillerato, cuando aprender todavía era una forma de curiosidad y no una obligación, cuando entrar a un aula era simplemente estar, mirar y escuchar.
Después vinieron el pregrado y el posgrado, que no fueron un avance sino una manera de volver: volver a los mismos lugares con otros ojos, descubrir que nada está fijo y que eso, lejos de ser un problema, es una invitación. El tiempo en la Universidad no corre; se pliega, se repite, se desvía apenas lo suficiente como para obligarlo a uno a detenerse y pensar.
En algún momento entré a la Unidad de Televisión como monitor. La Universidad empezó entonces a hablarme a través de imágenes y sonidos. Aprendí que comunicar no es explicar, sino traducir algo que siempre se está moviendo. Nada queda intacto después de manipular una cámara o un micrófono.
Con el tiempo llegan otras responsabilidades y, de pronto, sin anuncio previo, la dirección del Centro de Comunicaciones comienza a volverse un lugar inevitable. No como un cargo, sino como una casa donde todas las luces quedan encendidas al mismo tiempo. El Sitio Web deja de ser un tablero quieto para convertirse en un espacio que se ordena, se actualiza y mejora; Telepasto se afirma como canal público local, sosteniendo su propia voz en medio del ruido; la Radio Universidad de Nariño funciona como puntal autónomo, ese hilo sonoro que representa y acompaña a la comunidad universitaria.
El Marketing Digital abre la puerta a la inmediatez, a la posibilidad de estar y decir en el mismo instante, de hacer visible a la Universidad en el lenguaje del ahora. Udenar Periódico se consolida como un modelo de medio escrito digital, empeñado en narrar con cuidado lo que ocurre, mientras la Jefatura de Prensa opera como lo más cercano: el contacto diario, la palabra justa, la conversación que mantiene unida a la institución con su gente. El área de diseño aparece como ese lugar donde todo toma forma, donde las ideas encuentran cuerpo y el sentido aprende a verse.
Y, sin embargo, nada de eso borra lo anterior. Todo sigue conversando cruzándose, interrumpiéndose, corrigiéndose con aquel estudiante que alguna vez entró sin saber muy bien qué buscaba y termino encontrando, casi sin darse cuenta, mucho más de lo que esperaba: una manera de habitar la Universidad desde la imagen, la palabra, el sonido y la docencia.
Pero hay un punto decisivo, uno de esos momentos que invocan el silencio: Ser docente del Departamento de Artes. Llegó cuando el rumbo todavía no estaba claro y ese lugar me recibió sin preguntas urgentes, como suelen hacerlo los espacios que confían. Dar clase allí es volver a aprender desde otro sitio. Entiendo que enseñar no es llenar, sino abrir; no cerrar sentidos, sino acompañar búsquedas.
El Departamento de Artes no es solo un lugar de trabajo. Es una forma de estar. Una comunidad donde equivocarse no es un fracaso, sino parte del método; donde mirar el territorio, la memoria y la imagen se convierte en una manera de comprenderse.
Tal vez por eso, a quienes hoy llegan, no hace falta decirles qué hacer. Basta con esto: caminen la Universidad sin apuro. Déjense afectar. Escuchen el sonido de lo que ocurre entre clases, en los pasillos, en el aula, en el encuentro cotidiano de aprender, en la palabra y en las imágenes que se comparten. A veces, sin notarlo, un lugar como la universidad de Nariño termina dándole forma a una vida.








