Historias de Vida Trans:
Movimiento entre memorias y creación
El manuscrito que presentamos a continuación, corresponde a una construcción narrativa realizada a partir de las experiencias y sentires de las y los participantes de la investigación “Dimensiones del proceso de transición de personas transgénero de la Ciudad de San Juan de Pasto”, desarrollada desde una perspectiva interdisciplinar a partir del diálogo posibilitador entre Psicología y Salud Colectiva, con el liderazgo de Ever Berney Rosero Montilla, Fabio Armando Cuastuza Hualpa, José Alejandro Males Cabrera y Karina Lizeth Morillo Rosero, estudiantes e integrantes del Semillero de Investigación Psicológica – SEMIPSI del Programa de Psicología de la Universidad de Nariño, junto con las docentes Sofía Pantoja Muñoz y Andrea Gómez Delgado.
Este proyecto inició en el año 2023 en el marco de los cursos de Fundamentos, enfoques y diseños de investigación cualitativa y Métodos de trabajo de campo y análisis de datos cualitativos del Programa de psicología, y finalizó en el semestre A de 2025 con una devolución de emergentes creativa, que -con la autorización de quienes fueron participantes- deseamos compartir con la comunidad en general, con el fin de promover una mayor conciencia acerca de las complejidades y experiencias de vida encarnadas de mujeres y hombres con identidades de género diverso (IGD), con el fin de incentivar el respeto por la diversidad sexual, el cuidado de sus vidas y su lugar como sujetos(as) epistémicas en la producción de conocimiento situado.
El hilo conductor muestra los hitos más significativos del proceso de transición en las trayectorias de vida de las personas participantes, evidenciando el carácter dinámico y complejo de la construcción identitaria, el propio reconocimiento y su correlato social.
Devolución creativa
Empezamos nuestro itinerario acercándonos con asombro ante lo que en principio no era lo suficientemente visible, con ganas de contarnos la vida para volverla a escribir en forma de historias y cohabitarlas en medio de nuestras existencias plurales.
“Yo sabía quién era, pero el mundo no me miraba así, ese fue mi primer descubrimiento”
Este recorrido nos mostró que somos el epicentro de una cascada de retos en sentidos muy variados al igual que complejos dado su carácter emergente, los cuales pasan por las barreras en el acceso y garantía al derecho a la salud de las personas trans; el sufrimiento que genera el rechazo familiar o los ataques violentos resultado de la incomprensión de una sociedad que aún no está dispuesta a reconciliarse con la diversidad. Este camino ha requerido de una conciencia profunda de la propia identidad y el valor que tienen las vidas de las personas trans: todas las vidas humanas en su estrecha conexión con los seres sintientes y la naturaleza.
“Yo tenía que enfrentarme a mí. No enfrentarme con los demás. Lo que yo tenía que hacer era enfrentarme a mí misma, mirarme al espejo y decir esta soy yo y voy a luchar por ser quien soy»
Hemos presenciado entre lágrimas y recuerdos de la memoria; cómo las personas trans, hemos sido capaces de proyectar nuestras aspiraciones futuras de acuerdo con nuestra verdadera identidad y asumir los desafíos asociados con la transición. Transiciones singulares y a la medida de sus protagonistas.
Historias en universos paralelos, fragmentadas por la severidad de ese “no puedes” que aún hoy, sigue haciendo eco y se contrapone a nuestra autonomía para ser y actuar en consonancia con lo que sentimos; condenando nuestros cuerpos a situarse en la prisión de los hechos biológicos e invalidando nuestro acto de amor propio.
Es entonces cuando el ser interpelando la continuidad de la vida, nos hace un llamado para mutar, despojarnos de las pieles del pasado, afinar la voz, robustecer los músculos, volver a nacer y deleitarnos en la voluptuosidad de nuestra esencia.
Decidimos cambiar nuestros nombres, exigimos una cédula que nos represente legítimamente, y una notaría es testigo de nuestra transición jurídica. Nos sentimos viviendo en dignidad y respeto con el uso de nuestros nombres y los pronombres acordes a lo que dicta nuestra identidad; fuente inagotable de bienestar emocional.
“Sigo construyendo mi identidad de género, sigo reafirmando quién soy y creo que lo más importante han sido los pequeños pasos que he podido dar para construir»
En este mismo sentido y como parte de nuestro proceso de autoafirmación y resistencia, nos cortamos el cabello o lo dejamos crecer tan largo como fuera posible, usamos ropa fiel a nuestra identidad y se lo expresamos al mundo sin importar el qué dirán. Los cambios físicos, relacionados en algunos casos con el reemplazo hormonal y cirugías, también hicieron parte de nuestra realización personal.
En todo este recorrido, hubo dolor, dudas y miedo, pero cada uno de los cambios ha sido un recordatorio de nuestra capacidad para asumir quiénes somos y para hacer juntanza con quienes vibran con energía similar desde sus apuestas y luchas.
A nuestro máximo adversario, la disforia de género, le exigimos de una vez y para siempre que nos abandone, porque no estamos en el cuerpo equivocado, a paso lento y decidido nos estamos preparando para disfrutar de nuestros cuerpos; sin castigos, culpas o temores del pasado. Visionamos el sendero ancestral que es guía en nuestra búsqueda de autenticidad y anhelos de conexión más profunda con nosotros/as mismos/as y nuestro pacto de hermandad.
“Esa corporalidad que un día tuve, se transformó en otra corporalidad. Me miraba diferente, me sentía diferente”
Vivimos la transición de manera única desde edades tempranas. Nuestro reconocimiento conlleva la aceptación de nuestra corporalidad y emocionalidad. El amor propio nos permitió enfrentarnos a nosotros/as mismos/as y decidir ser auténticos/as. A veces la transición la hicimos en solitario, a veces con el acompañamiento de nuestros seres queridos y la inspiración de referentes. La conexión con su pasado se inscribe en la memoria a través de fotografías, tatuajes u otros objetos significativos.
Algunas personas priorizamos nuestra autonomía para vivir conforme a nuestra identidad, mientras otras nos enfocamos en los cambios físicos y hormonales. Nuestras aspiraciones de formar una familia, alcanzar la independencia y encontrar disímiles sentidos vitales se conectaron también con su identidad.
“Es fundamental contar con el apoyo de la familia, de los amigos, mis compas trans o alguna red de apoyo”
El camino de revelación ante nuestras familias conllevó enfrentar también la incertidumbre por su reacción, a veces atravesada por el malestar, pero predominantemente por el amor; este proceso requirió empatía, apertura y conciencia para superar las barreras impuestas socialmente.
Por su parte, la experiencia escolar en muchos casos estuvo marcada por el aislamiento y el miedo. La falta de información y de apoyo en la escuela contribuyó a la confusión, pero recuerdos positivos de momentos de juego sin cuestionamientos sobre nuestra identidad y orientación sexual resaltan la importancia de la aceptación incondicional desde temprana edad.
Algunas personas decidimos ir a la universidad. Presentarnos con los nombres que sentíamos nuestros fue un acto de rebeldía y valentía, un paso en firme que no todos y todas entendieron. Algunas personas reaccionaron con burlas o indiferencia, pero otras, con manos amables, abrieron pequeños agujeros que nos permitieron respirar y ver la luz.
Diversas interacciones sociales y personales nos permiten tejer redes de apoyo y relaciones significativas que nos ayudan a explorar y aceptar su identidad, mientras superan dificultades personales. Momentos de conexión se mezclan con el sentimiento de ser diferentes o tristemente con la idea de ser “anormales”.
«Pero cuando uno recién está empezando su transición, pues es muy duro porque uno no se ve como un hombre hegemónicamente. El concepto de hombre que espera la sociedad»
Las palabras de los demás, como «niña» o «deberías», pesaban sobre nuestros cuerpos como cadenas. Dentro de nosotres se albergaba una chispa de transformación que no podíamos ignorar, esa chispa que nos permitiría habitar nuestro ser y con nuestros destellos tocar la vida de otros seres que comparten nuestras luchas. Algunas personas no estaban preparadas para vernos brillar, así que al ver parte de estos genuinos destellos, recibimos golpes, burlas y otras formas de violencia y discriminación, que nos hacían sentir que no teníamos un lugar en este mundo. En nuestra mente pasaban muchas cosas mientras guardábamos una imagen que nos acompañaría para toda la vida, vernos en el suelo, violentados y al mismo tiempo viviendo la indiferencia de quienes no se atrevían a defendernos. No poder ser con libertad, nos generaba mucha tristeza y desolación, y un profundo sentimiento de que no seríamos capaces de levantarnos.
En este escenario se da una lucha por la autodeterminación y el reconocimiento social, buscando ser reconocidos y valorados más allá de las etiquetas impuestas por la sociedad, aspirando a nuevos comienzos donde se legitimen como personas en su integralidad.
“Siento que la mejor parte de consolarme a mismo, fue ayudando al resto”
Las conexiones con amigos/as y personas afines nos proporcionaron momentos de realización, resaltando la importancia de las interacciones saludables como fuente de tranquilidad y validación. La sensación de secreto y descubrimiento personal reflejan los desafíos emocionales profundos durante la transición social.
Algunas herramientas como la educación, el arte, la lectura, el amor por la naturaleza, las comunidades de apoyo, el acompañamiento profesional, el activismo y el liderazgo nos permitirían en algún momento abrazar nuestra transición y ayudar a otras personas a comprenderlo.
“Me siento a gusto con con mi experiencia de vida, con mi cuerpo, con mi genitalidad, con mi forma de vivir mi sexualidad»
Hemos desafiado las normas tradicionales de género y orientación sexual impuestas por la sociedad, y muchas veces inculcadas en nuestra niñez y juventud. Tuvimos que superar estereotipos, prejuicios, discriminación y confusiones para abrazar una identidad y orientación sexual auténticas. Hemos llegado a comprender que el amor no se limita por el género y que sus identidades personales no nos invalidan por las personas con las que se relacionan o se sienten atraídas. Experimentamos transformación y libertad.
Somos historias, nuestros cuerpos escenarios de resistencia; cada cicatriz está marcada por el deseo naciente de nuestras almas, y la alegría de nuestras victorias; seguimos transitando, explorando y abrazándonos en la aceptación de aquello que no podremos cambiar.
Elegimos amarnos sin exigencias autoimpuestas porque hemos comprendido que nuestro valor como seres humanos no depende de nuestra corporalidad ni de cómo nos vean las demás personas. Levantamos nuestra voz ante el dolor injusto que alguna vez encontramos en el hogar, la escuela, el barrio o en los espacios públicos, bajo la complicidad del silencio.
A veces fue necesario detener la marcha en nuestra búsqueda desesperada por ser quienes realmente somos, aún así volvimos a intentar y ese final aparentemente sombrío tuvo un nuevo comienzo…
Somos y seguiremos siendo, aún cuando no sea visible ante la mirada descuidada de quién observa; re-existimos en la intimidad de nuestro ser, y ahí encontramos la fuerza y libertad creadora para darle propósito a nuestra creación.
Nos entrelazamos en los lazos fraternos de la solidaridad y la defensa colectiva de los derechos que nos pertenecen. Somos refugio para nuestros hermanos/as en la lucha y el poder emancipador que nos devuelve la esperanza.
Seguiremos danzando, cantando, pintando, cuidando, aprendiendo y sobre todo seguiremos existiendo en la infinita espiral del tiempo, en compañía de otros seres que son luz y guía.
»Somos la vida misma en su mejor acto de creación en movimiento; cada final será un nuevo comienzo»
Autores y Autoras:
Estudiantes e integrantes del Semillero de Investigación Psicológica
– SEMIPSI del Programa de Psicología de la Universidad de Nariño.
Mg. Sofía Pantoja Muñoz
Salubrista, Pedagoga Social y Magister en Estudios Globales y Cooperación Internacional. Profesora de la Maestría en Salud Sexual y Reproductiva de la Universidad El Bosque.
Mg. Andrea Gómez Delgado
Psicóloga, Magíster en Psicología y estudiante del Doctorado en Medicina Traslacional en el currículum de Bioestadística y Epidemiología Clínica. Profesora del Programa de Psicología e integrante del Grupo de Investigación Psicología y Salud de la Universidad de Nariño.








