Discernir sobre el término resiliencia orienta hacia la capacidad humana de hacer política social, incurre en otras esferas de la sociedad humana, donde cunden cambios y principios que interactúan para crear unas resistencias sostenibles. Precisa la resiliencia la forma como resistimos las adversidades para sobreponernos ante los conflictos. Es una asimilación sincera de soportar toda crítica, toda opinión, toda tentación, todo atropello que al final hace parte de la responsabilidad que lleva una gestión pública, política o social.

 

La resiliencia comunitaria implica posibilidades de restituir los efectos de las afrentas sociopolíticas que agobian de manera muchas veces sostenibles. Ello conlleva a crear alternativas de acción colectiva como asociaciones en comunidad para darnos cuenta como los obstáculos impiden organizarse con conciencia crítica, en otras palabras, la resiliencia permite reconocer errores, corregirlos, posibilitando de manera eficaz la asociación comunitaria, único medio que se antepone a la ingobernabilidad y a toda crisis.

 

Cuando se cometen errores, cuando no se acepta la crítica, cuando el poder pierde efectos, o cuando acaece cualquier desliz en un mandatario o político, o un ciudadano del común, a unos los desorienta, a otros los bloquea, a otros los lleva a cometer más errores y muy pocos corrigen sus actos. Al hacer una visión global de esta reflexión, no dudamos en señalar que los políticos o los que cometen los actos injustificados, carecen del actuar resiliente, carecen del criterio suficiente para asumir su responsabilidad; en ellos no se precisa el mínimo esbozo de autocriticarse, de enfrentar sus debilidades; a todos les falta las agallas, el sentido de la dignidad, del decoro, de la humildad y del coraje para dar ejemplo cuando decaen en su función pública o privada, y con esa actitud reflejan incredibilidad a su entorno. La máxima virtud que se pisotea cuando no se asumen responsabilidades, es la verdad para aceptar el retroceso. Si hay verdad, hay justicia, hay unidad, hay espíritu de gobernabilidad.

 

En la resiliencia el ser humano aprende de los obstáculos, para así abrir caminos y exigir, creando nuevos espacios para encontrar oportunidades. La memoria histórica sirve para construir recursos frente a las controversias, a las adversidades creadas por los desamparos sociales. Se dice que la resiliencia es también la capacidad de resistir, de soportar los oleajes resultantes de los cambios sociales, y a fe que es cierto. Nuestra sociedad lleva más de 200 años resistiendo a todo tipo de conflictos… Pero ¿hasta cuando? hasta que vamos a la acción de poner nuestras capacidades y prepararnos, no para seguir resistiendo, sino para doblegar los obstáculos, buscando unas nuevas formas de ejercer el cambio con sostenibilidad.

 

Alguien decía que la resiliencia es una fuerza interior frente a las adversidades que conlleva a auto valorarse, esto es, asumir la responsabilidad de superarse con facultades creativas, habilidad y destreza de gobernabilidad, de gestión; se aplica a la gestión, a la optimización de los recursos humanos y materiales para sobreponerse a toda calamidad natural o social. Es pertinente lo que Eduardo Galeano señaló: “…. La resiliencia es una cantera de energía para transformaciones, donde las utopías son posibles …al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable por el bien del hombre, de la paz, de la naturaleza….”

 

Es evidente que la sociedad por los demenciales hechos de la ingobernabilidad y el actuar del hombre no ha logrado sobreponerse en la economía, ni en la política pública ni social. La paz está en la órbita de todo el estado y la comunidad; pero esta paz efímera no se verá perpetua, mientras exista la problemática social que desde el pasado viene actuando con rigor. El país no puede seguir politizado y fragmentado por un divide y reinarás; existe una fuerza humana que trasciende las desigualdades que sobrepasan las crisis de forma insostenible, y hacia esa fuerza debemos llegar para actuar en medio de las turbulencias atroces del medio.

 

La resiliencia no tiene tanto de resistir, sino de actuar, de constituirse como un instrumento socio político para estructurar proyectos sociales haciéndole frente a las situaciones extremas que se encuentran en el proceso de paz. La resiliencia cobrará acción fundamental y resistencia hacia una dinámica de transformación. La resiliencia ofrece una reconstrucción histórica integral, donde es parte la naturaleza, y a esa reconstrucción accede la sociedad y el estado para buscar equilibrios y cambios sostenibles con el aval de una ética y una moral fundamental. Llevar la resiliencia a la sociedad, conduce a analizar la capacidad de una comunidad y de un estado incorporándose en una unidad que revolucione las transformaciones. La resiliencia es práctica que opera para transformar mediante proyectos pedagógicos que enseñan a vivir.

 

Si observamos la naturaleza, ella, con su sabiduría reflejada en sus leyes aplica la resiliencia mediante la capacidad que engendra el ecosistema para adaptarse a los cambios, no obstante, si el hombre no coadyuva con ese funcionamiento, llegará el momento que sucumbe y nos pasará la cuenta de cobro con todos sus intereses de mora. Por ello, la resiliencia implica conciencia de las limitaciones aun en medio de las potencialidades. El mal no tiene límites, siempre se está revelando en la cotidianidad, acechando la vida con sumo acoso, profundizando los dictados de las guerras, sin embargo, la fuerza humana estará dispuesta a contenerlo, a destruirlo resilientemente.

 

Jesús, Gandhi, Mandela, Martin Luther King y otros grandes de la humanidad, con su férrea voluntad, amor y capacidad rompieron tabúes, irrumpieron con su dinámica humana la manera de pensar, proponiendo retos de resistencia para vencer obstáculos, para revolucionar el estado de cosas reinantes en sus tiempos. Ellos desarrollaron procesos de cambio ante un mundo en calamidad, ante un mundo hostil, haciendo frente a momentos extremos en medio de diferencias teniendo presente al hombre, y a su vez le legaron instrumentos de liberación como el amor y el servicio, la humildad, la lealtad, el respeto y la libertad.

 

La realidad de la resiliencia es dinámica, opuesta a las jerarquías y poderes que deshumanizan, fortaleciendo al pensar lógico para los cambios, inspirando la revolución global, la creatividad, la causa justa, enfrentando los entornos agresivos con pragmatismo; con doctrinas inflexibles enfoca las crisis apartándose de todo populismo para dar sentido a sus resultados; con estas dinámicas asume cualquier conflicto defendiendo las estructuras de la familia, de la política, de la naturaleza, de la religión y los tejidos sociales que están siendo absorbidos por agujeros negros; por ello entiende y aborda la capacidad humana para que cada ente logre superar sus desfases;  La resiliencia aporta estabilidad social con vías de transformación, con gestiones contra lo que haga daño a la dignidad del hombre y de la naturaleza, a sus principios rectores.

 

La resiliencia conceptualiza y ejerce acción hacia las organizaciones que involucran al ser humano en su contexto funcional y que tengan vivencias traumáticas respecto a la complejidad del orden social, esto hace que la resiliencia sea ese instrumento de fuerzas humanas que interactúan generando equilibrios, y para ello tiene como sostén la capacidad para accionar, reaccionar y sobreponerse a los tsunamis sociales, llamemos la atención para que este instrumento sea una oportunidad para que converjan cambios en todo el ambiente humano que está en evolución y en desarrollo continuo para la sana convivencia.

 

Seremos más humanistas, más ecologistas, más servidores, en la medida que estemos dispuestos a resistir frente a todo embate, frente a todo extremo social, político o espiritual; el aporte y el conocimiento resiliente nos lleva a formas justas de vivir y de aceptación; la resiliencia nos prepara para todo eventual conflicto que la sociedad actual está viviendo; aceptemos el reto, restableciendo la unidad orgánica propia de las instituciones y mecanismos sociales, y con resiliencia hagamos un frente común, un frente unido con pensamientos claros, sin egoísmos, sin individualismos, donde solo importe el hombre.

 

 

Mariano Bernardo Sierra Sierra

Abogado, egresado de la Universidad Libre de Colombia

 

 

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