CARTA ABIERTA N° 2: LA EPISTEME EN EL PLAN DE DESARROLLO

 

 

Pasto, 9 de diciembre de 2020

A: coordinadores de ejes

De: Julián Sabogal Tamayo

Integrante de la coordinación del eje Universidad – Región

 

 

 

Eje Investigación

En la reunión del Comité Interejes, del 23 de noviembre, acordamos llevar a cabo un foro sobre la orientación epistémica del Plan de desarrollo. Con el fin ambientar este foro, quiero invitar a un diálogo preparatorio escrito.

 

El planteamiento epistémico del eje de Investigación se titula Visión de la investigación de la Universidad de Nariño (2021-2032). Lo primero que quiero decir es que se trata de un documento muy riguroso, con suficiente fundamento teórico y respaldo bibliográfico. La duda que me surge es sobre el grado de generalidad del documento. La pregunta es: ¿no necesitamos una visión para la investigación en la Universidad – Región? El paradigma que ha guiado la Reforma Universitaria no está explícito en el documento; al menos, no lo percibí. Tampoco aparece, en forma explícita la Misión de la Udenar. A mi entender en el Plan de Desarrollo no se debe plantear la investigación en sentido general, sino la investigación para el desarrollo alternativo en el acontecimiento mundo. Un desarrollo alternativo implica pensamiento alternativo, pensamiento crítico. Esto no se refleja en la Visión, del eje Investigación.

 

La bibliografía de documento nos da una idea, aunque sea parcial. De las obras citadas, 17 (40%) son europeas, 5 (12%) de Estados Unidos, 21 (49%) de América Latina, de ellas 12 (28%) colombianas.

 

Los colombianos citados hablan fundamentalmente de estrategias administrativas o innovaciones técnicas, no son ni filósofos ni sociólogos ni economistas teóricos; el pensamiento viene fundamentalmente de Europa.

 

Nosotros creemos, como lo planteamos en el eje Universidad – Región, que el fundamento del desarrollo alternativo ha de ser un pensamiento alternativo, sobre todo pensamiento propio. En el documento del eje Investigación, de pensamiento económico solo se encuentra un pensador que es el economista austriaco Joseph Schumpeter. Se trata de un pensador neoclásico, el pensamiento que, hace unas cuatro décadas, devino en neoliberalismo. Mientras que el desarrollo alternativo es, precisamente, alternativo al neoliberalismo. El carácter neoclásico de este pensador se puede ver en esta cita: …en lo que concierne a la teoría pura, Walras es, en mi opinión, el más grande de todos los econo­mistas. Su sistema del equilibrio económico, al unir la virtud de la creatividad ‘revolucionaria’ con la de la síntesis clásica, es la única obra de un economista que puede resistir una compara­ción con las realizaciones de la física teórica.[1] Walras es uno de los padres del Pensamiento Económico Neoclásico, su obra fundamental, Elementos de economía política pura, fue publicada en 1874, en la década de los años 70 nace el Pensamiento Neoclásico. Como es obvio, cuando Schumpeter habla de desarrollo está hablando de desarrollo capitalista, con fundamentos neoclásicos.

 

En el documento que estoy comentando se destaca el planteamiento schumpeteriano del empresario emprendedor como el motor del desarrollo económico; este principio degeneró en la etapa neoliberal en el individuo competitivo. En el ámbito educativo, entre otros, se difunde la idea de que el futuro de cada persona depende de ella misma, el sistema no tiene responsabilidad alguna; en los colegios, los niños y las niñas deben volverse competitivos, aprender a formular planes de negocio. En el nivel de la educación superior, la política oficial procura convertir las universidades en empresas competitivas o, por lo menos, funcionar al servicio del capital. Esto se expresa en la estrategia que el documento recoge como alianzas llamadas de triple hélice: universidad-empresa-estado. Esta alianza se pretendió insertar en la Reforma Universitaria de Udenar y a la Asamblea le costó mucho esfuerzo derrotarla y proponer, en cambio, la alianza universidad-región-estado. El documento avanza sobre el mismo carril y llega hasta las 5 hélices: universidad-empresa-estado-comunidad-naturaleza… (que) fomenta la participación de la investigación universitaria en los planes de desarrollo y en las políticas públicas de fomento de la ciencia, la tecnología y la innovación con miras a lograr, al menos en principio, progreso material y bienestar a partir de indicadores técnicos, que otorgan prelación a la autorregulación del mercado de conocimiento y de bienes y servicios. Hasta donde entiendo, este planteamiento no se hace para criticarlo, sino para acogerlo. La verdad es que, por más que se le agreguen apelativos a planteamiento, sigue siendo neoliberal. Surge, entonces la pregunta: ¿el eje de Investigación es schumpeteriano? O sea, ¿neoliberal?

 

Claro que, en el mismo documento, más adelante, se afirma: la Universidad de Nariño, al acoger una pluralidad de miradas sobre los entornos humanos, sociales y naturales, y sobre sí misma, acoge las formas alternativas de pensamiento que vienen desde el sur, que no aceptan la incondicionalidad y la predominancia monológica de la ciencia, el conocimiento y la cultura que, de modo etnocentrista, provienen de Europa y Norteamérica. La pregunta aquí es: ¿se puede unir en un mismo espacio de pensamiento, por ejemplo, a Boaventura de Sousa Santos con Joseph Schumpeter? La misión dice, sin ambages, desarrollo alternativo. Me gustaría que aclaráramos cuáles son los límites del pluralismo, pienso que no es posible mezclar el agua alternativa con el aceite neoliberal.

 

El pluralismo epistémico tiene límites. En el eje Universidad – Región concretamos el desarrollo alternativo de la Misión, con esta propuesta: Modos de vida alternativos. Es decir, se trata de un desarrollo para la vida, aquí el pluralismo no resiste el pensamiento para la muerte y el neoliberalismo lo es. El colega Renán Vega Cantor, profesor de la Universidad Pedagógica Nacional, plantea el problema en estos términos:

 

Así como Estados Unidos tiene una fábrica de asesinos, llamada pomposamente “Escuela de las Américas”, en la cual se han formado los militares latinoamericanos tan diligentes en torturar y asesinar en sus respectivos países (Argentina, Chile, Brasil, Guatemala, Colombia, Salvador, Honduras, Uruguay…) a miles de personas, los economistas neoliberales también tienen sus escuelas. Chicago, Harvard, Cambridge, Yale, Princeton, Instituto Tecnológico de Massachusetts (MlT) y otras se encuentran entre las universidades más prestigiosas en cuyas aulas se educa a los gurúes de la economía de todo el mundo – y ya no sólo de Estados Unidos – con los dogmas teologales del libre mercado. Esos dogmas exaltan la superioridad de la propiedad privada sobre la propiedad pública, la supuesta inferioridad de los pobres, la eliminación de todas las restricciones que impidan el funcionamiento eficaz del mercado, la defensa incondicional de los ricos y poderosos por hacer parte del bando de los “exitosos” y “eficaces”, la flexibilización del mercado laboral…[2]

 

Este último planteamiento tiene mucha actualidad, porque en este momento precisamente se está hablando en Colombia del camino para salir de la crisis económica que ha traído la pandemia. Y, ¿qué proponen los capitalistas?: flexibilización del mercado laboral. La falacia que difunden los funcionarios del gobierno, los medios de comunicación y muchos profesores de Economía es que los salarios bajos llevan al aumento del empleo y el crecimiento económico; la práctica ha desmentido una y otra vez este planteamiento, pero se sigue repitiendo y practicando. No es verdad que los salarios bajos aumenten el empleo, pero sí es verdad que aumentan las ganancias. En este aspecto, la posición de la Udenar, como universidad pública, no debe dejar dudas.

 

También me gustaría que conversáramos despacio sobre los distintos capitalismos – ¿existen capitalismos, en plural? – y los distintos capitales. Sospecho que detrás del concepto capital social está agazapada la categoría de capital humano, a pesar de Bourdieu. Como dice Foucault: los neoliberales norteamericanos se refieren a la vieja definición, de comien­zos del siglo XX, de Irving Fisher, que decía: ¿qué es un ingreso? ¿Cómo se lo puede definir? Un ingreso es sencillamente el producto o rendimiento de un capital.[3] Es decir, como el salario es un ingreso, luego el trabajo es un capital. Este criterio esconde la explotación del trabajo por el capital; el proceso económico sería una colaboración entre dos capitales en igualdad de condiciones: por una parte, el empresario con su capital: los medios de producción y, por otra, el trabajador con su capital: el trabajo.

 

Finalmente, quiero compartirles que en el eje Universidad – Región planteamos, como fundamento epistémico, a pensadores colombianos y latinoamericanos, no neoliberales – lo que no impide la presencia de pensadores europeos, pero pensados con nuestros propios criterios –. Y tomamos como ejemplos a Antonio García Nossa, un pensador colombiano que invita a los latinoamericanos a pensar con nuestra propia cabeza. Su planteamiento teórico central, al respecto, es este: Uno de los más peligrosos y difundidos mitos de las Ciencias Sociales consiste en la creencia de que la teoría científico-social es absolutamente universal y que su validez desborda el marco de los espacios culturales y de los procesos históricos.[4] Y el Manifiesto de Eduardo Mora Osejo y Orlando Fals Borda, donde se plantea: En nuestro país como en muchos otros es aceptada la validez del conocimiento científico originado en Europa y luego con gran éxito transferido a Norteamérica. Quizás en razón de tal éxito se llega al extremo de considerarlo también, suficientemente adecuado, tanto en su modalidad básica como aplicada, para explicar las realidades en cualquier lugar del mundo, incluidas las de los trópicos húmedos.

 

Es preciso también recuperar el criterio de riqueza de los clásicos y de Carlos Marx, que entendían por tal al valor de uso, es decir, la utilidad. Adam Smith no deja duda a este respecto, en el libro I de La riqueza de las naciones dice: Todo hombre es rico o pobre según el grado en que pueda gozar por sí de las cosas necesarias, útiles y deleitables para la vida.[5] Marx lo expresa en estos términos, en el primer tomo de El capital: cuanto mayor sea la cantidad de valor de uso mayor será, de por sí, la riqueza material: dos levitas encierran más riqueza que una. Con dos levitas pueden vestirse dos personas; con una de estas prendas una solamente.[6] Es decir, una persona que posea dos chaquetas posee el doble de riqueza que cuando poseía una sola, no importa que ahora las dos chaquetas valgan lo mismo que antes valía una. Es el Pensamiento Neoclásico el que atribuye la riqueza al dinero y el valor al mercado.

 

Por lo tanto, nuestra propuesta implica que todo esfuerzo de producción y distribución de valores de uso debe buscar la conservación y mejoramiento de la vida. Lo cual, a su vez, nos lleva a proteger las condiciones de la naturaleza apropiadas para la vida – lo que comúnmente se conoce como ambiente – así como la búsqueda de la paz.

 

 

 

Cordialmente,

Julián Sabogal Tamayo

Integrante de la coordinación del eje Universidad – Región

 

 

 

[1] SCHUMPETER, Josdeph (1990) Diez grandes economistas de Marx a Keynes, tomo I, Madrid: Alianza ediciones, pág. 10.

[2] VEGA CANTOR, Renán (2014) Los economistas neoliberales: nuevos criminales de guerra, Bogotá: Impresol ediciones, págs. 26-27.

[3] FOUCAULT, Michel (2008) Nacimiento de la biopolítica, México: Fondo de Cultura Económica, pág. 162.

[4] GARCÍA, Antonio (2006) La estructura del atraso en América Latina. Hacia una teoría latinoamericana del desarrollo, Bogotá: Convenio Andrés Bello, pág. 35.

[5] SMITH, Adam (1985) La riqueza de las naciones, libro I. En BIBLIOTECA DE ECONOMÍA, tomo8, Barcelona: Ediciones Orbis, pág. 75.

[6] MARX, Carlos, El capital, tomo I, ed. cit., pág. 13.

 

 

 

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