Sin pretender un examen profundo sobre el poder, digamos que el poder esta implícito en toda organización humana, pública o privada. El poder es un fundamento en toda sociedad cuya expresión tiene como final el bien común, jamás para oprimir o generar actos de dominio que se desvíen del derecho natural y el positivismo. El poder sencillo y justo es energía de mando vitalista sostenida por una ética humilde que está para ordenar, para defender la paz social. Hoy el mundo referencia el abuso del poder para preservar intereses públicos y privados que abarca aferrarse a posiciones blindando su conservación con vías de hecho, actos de temor y promulgación de leyes perversas.

 

La humanidad desde todos los tiempos se hunde en la ausencia de certeza de la práctica del poder.  Gobierno, orden, control, defensa, tareas, se hacen plausibles frente a una realidad, donde no se sabe que es más perverso si el engaño en sí o quienes desde sus trincheras o distintos entornos motivan las actividades públicas y privadas.  Los asuntos humanos se muestran bajo el manto de indiferencia, bajo el manto de la conveniencia y sus soluciones quedan sometidas a paliativos desordenados, a incumplimientos, a sofismas de distracción.

 

La doxa, su existencia, nos adentra a discernir sobre el poder. Este es un camino propicio para que el hombre con el conocimiento filosófico acuda a desviar sus intenciones y en ese ir y venir  imponga sus reglas, sus pensamientos, sus principios como eje de una sociedad constituida bajo los parámetros del orden.

 

La doxa pues es un campo que nos da a conocer el poder con el cual se quiere mediante el engaño llevar a cabo todas las praxis donde se ocultan las verdades de los conflictos y se niega a todos los indefensos, a todos los necesitados, los derechos humanitarios. El poder abusivo genera plataformas sensibles que hacen perder la confianza en las instituciones y por ende desestabiliza la política y el orden social, permitiendo caos estatal, generando terrorismo social, de estado, crisis económica e inestabilidad jurídica, de partidos y de la política.

 

La  doxa  nos conduce a observar cómo se ve en todos los gobiernos el uso de mecanismos disuasivos con los cuales los poderes controlan los votos, los pensamientos, las críticas, las opiniones, los engaños establecidos, las denuncias, los paros, y toda forma usada por la sociedad para exigir justicia  social.  Bajo esos sentidos diremos que el mayor despropósito de un sistema es la hybris o sea la extralimitación de funciones y el provecho que de ellas se hace. Gobierno, poder y autoridad son términos relacionados íntimamente que a través de la doxa los desnudamos en su función político-social.

 

Doxar acerca del poder no es centrarse únicamente en el poder estatal o político. El poder se abre a todos las esferas sociales incluyendo la esfera religiosa. Cuando nos asomamos a la realidad histórica del poder, vemos la esencia de lo negativo, la esencia negada en las realidades concretas con la propia actividad. Un poder por fuera de su dimensión social está en la ruta de generar tal tipo de desigualdades, según de donde provenga ese poder. Ser capaz intuye toda relación humana, toda capacidad para darnos a los demás, sin exclusiones, para satisfacer toda demanda social, para reportar cambios, para estructurar impedimentos de injustos sociales.

 

Doxa y praxis sobre el poder, de la humildad a la soberbia (Segunda Parte)

 

 

Mariano Bernardo Sierra Sierra

Abogado, egresado de la Universidad Libre de Colombia

 

 

 

 

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