Robo a mano armada

 

En mis noches de eterno lamento,

surgió una ladrona sin arrepentimiento,

con sus ojos oscuros, ingeniosa y veloz,

robó mi corazón sin dar explicación.

 

 

Errante, vagabunda de sentimientos,

con habilidad de los más perversos infractores,

se adentró sigilosa en mi morada,

y sin piedad, dejó mi alma saqueada.

 

 

Fue en el silencio de un encuentro fortuito,

donde ella, maestra del engaño y del huidizo,

me sometió a su hechizo sin medida,

y se llevó mi amor sin tener salida.

 

 

Fui presa fácil de su audaz atraco,

como el ladrón que por amor se hace opaco,

y enredada en su telaraña de emociones,

me elevó al éxtasis de sus devociones.

 

 

Pero, ¿qué haré sin mi amado órgano vital?,

la ladrona que con maestría me arrobó en su latido, dejó un vacío en mi pecho, un abismo infernal,

y en su estela de huida, solo obtuve olvido.

 

 

Ahora, en las noches de soledad y espanto,

mi corazón yace herido, sin esperanza,

maldiciendo a aquella ladrona sin recato,

que con su arte fugaz se llevó mi bonanza.

 

 

Robo a mano armada, así se titula mi queja,

una historia de amor que se convirtió en añeja, donde el culpable no es el ladrón de mi vida,

sino la ladrona que mi corazón decidió herida,

con sus ojos oscuros, ingeniosa y veloz, robó mi corazón sin dar explicación.

 

 

Errante, vagabunda de sentimientos,

con habilidad de los más perversos infractores,

se adentró sigilosa en mi morada,

y sin piedad, dejó mi alma saqueada.

 

 

Fue en el silencio de un encuentro fortuito,

donde ella, maestra del engaño y del huidizo,

me sometió a su hechizo sin medida,

y se llevó mi amor sin tener salida.

 

 

Fui presa fácil de su audaz atraco,

como el ladrón que por amor se hace opaco,

y enredada en su telaraña de emociones,

me elevó al éxtasis de sus devociones.

 

 

Pero, ¿qué haré sin mi amado órgano vital?,

la ladrona que con maestría me arrobó en su latido, dejó un vacío en mi pecho, un abismo infernal,

y en su estela de huida, solo obtuve olvido.

 

 

Ahora, en las noches de soledad y espanto,

mi corazón yace herido, sin esperanza,

maldiciendo a aquella ladrona sin recato,

que con su arte fugaz se llevó mi bonanza.

 

 

Robo a mano armada, así se titula mi queja, una historia de amor que se convirtió en añeja, donde el culpable no es el ladrón de mi vida, sino la ladrona que mi corazón decidió herida.

 

 

FABIÁN MARCELO LÓPEZ CADENA 

Estudiante Universidad de Nariño

 

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